sábado 28 de noviembre de 2009

La vida en otra parte, de Alexánder Jiménez Matarrita



Presentación del nuevo libro
La vida en otra parte.
Migraciones y cambios culturales en Costa Rica,
del filósofo Alexánder Jiménez Matarrita

Día: miércoles 2 de diciembre de 2009
Lugar: Centro Cultural de España, El Farolito
Hora: 7: 00 p. m.
Presentadores: Víctor Hugo Acuña y Camilo Retana

El filósofo, investigador, catedrático y escritor costarricense, Alexánder Jiménez Matarrita, nos presenta otro libro que, al igual que su primer trabajo, El imposible país de los filósofos, de seguro dará mucho de qué hablar en una Costa Rica que aún no es capaz de aprender los más nobles ideales de la dignidad humana.

La contraportada dice así:

La vida en otra parte es un libro dedicado a pensar cómo los inmigrantes y emigrantes han participado en la construcción de la vida cultural costarricense. Quienes llegan y quienes se van, mediante rutas a menudo inesperadas, terminan cambiando nuestras formas de estar juntos y de entendernos a nosotros mismos. Obviamente, también sus vidas sufren transformaciones significativas. Este libro intenta dibujar las tensiones derivadas de esos cambios. Migrantes y refugiados enriquecen nuestros  mundos culturales. Sin embargo, no todos y no siempre responden ante ellos con gratitud y hospitalidad, garantizando sus derechos y ampliando sus oportunidades. De hecho, a menudo se les trata con desconfianza, temor, y hostilidad. Pero también es cierto que en Costa Rica hay varias redes de personas y organizaciones empeñadas en construir algo que se parezca a una sociedad de acogida y de refugio. La vida en otra parte es también un ensayo dedicado a dibujar y comprender esas tensiones y contradicciones.

Sobre el autor

Alexánder Jiménez Matarrita es doctor en filosofía por la Universidad de Salamanca, donde también ha sido profesor visitante. Su tesis doctoral ganó el Premio Extraordinario del año 2001. Es investigador y catedrático de filosofía en la Universidad de Costa Rica. Sus investigaciones y publicaciones giran en torno a campos como los imaginarios sociales, las identidades nacionales y los patrones de convivencia. Fue coordinador del "Informe Nacional de Desarrollo Humano", del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. En el año 2006 recibió las Palmas Académicas del gobierno de Francia. Su libro, El imposible país de los filósofos, obtuvo el Premio Nacional Aquileo J. Echeverría de ensayo del 2002. Con dinero del premio, y junto a Carlos Sandoval, fundó Merienda y Zapatos, una asociación que beca y acompaña académicamente a niñas y niños inmigrantes pobres.

sábado 7 de noviembre de 2009

La poesía y el Fénix: habla Dana Giogia


 

Dana Giogia (1950), poeta y crítico estadounidense, en su ensayo “Can Poetry Matter?”, realiza un excelente estudio de la poesía contemporánea en el mundo anglosajón. Su análisis da cuenta del estado actual de las prácticas asociadas con la poesía, y propone finalmente seis pasos para insuflar un nuevo aliento a la más antigua de las prácticas literarias.

Aquí, comparto una traducción de la parte final de dicho trabajo, con las seis propuestas.

[…] Deseo que la poesía sea de nuevo parte de la cultura pública de Estados Unidos. No creo que esto sea imposible. Todo lo que se necesita es que los poetas y los maestros de literatura asuman una mayor responsabilidad para llevar su arte a la gente. Cerraré con seis modestas propuestas para hacer que este sueño pueda hacerse realidad.

1. Cuando los poetas hacen recitales, deberían pasar parte de la actividad recitando el trabajo de otros escritores, preferiblemente poemas de autores que no conozcan personalmente. Los recitales deberían ser celebraciones de la poesía en general, no solamente de los textos del poeta presentado.

2. Cuando los administradores de las artes planeen recitales, deberían evitar el típico formato subcultural de leer solamente poesía. Mezclen poesía con otras artes, especialmente música. Planeen veladas para honrar poetas muertos o extranjeros. Combinen breves intervenciones críticas con interpretaciones poéticas. Tales combinaciones atraerían una audiencia más allá del mundo de la poesía sin comprometer la calidad.

3. Los poetas necesitan escribir crítica más a menudo, más inocentemente, más asertivamente. Los poetas deben recapturar la atención de una comunidad intelectual más amplia al escribir para publicaciones no especializadas. Además, deben evitar la jerga de la crítica académica contemporánea y escribir en un idioma accesible. Finalmente, los poetas deben recuperar la confianza del lector al admitir libremente tanto lo que no les gusta como lo que les gusta. La cortesía profesional no tiene lugar en el periodismo literario.

4. Los poetas que compilan antologías, o incluso listas de lectura, deben ser escrupulosamente honestos e incluir nada más poemas que verdaderamente admiren. Las antologías son las puertas de la poesía hacia la cultura en general. Estas no deben ser usadas como mercancía para el intercambio de la escritura creativa. Un arte expande su audiencia al presentar obras maestras, no mediocridad. Las antologías deben ser compiladas para conmover, deleitar e instruir a los lectores, no para halagar al maestro de escritura que asigna libros. Los poetas que antologan nunca deben cambiar la propiedad de la musa por favores profesionales.

5. Los maestros de literatura, especialmente en las escuelas y niveles inferiores, deben pasar menos tiempo en el análisis y más en la interpretación. La poesía necesita ser liberada de la crítica literaria. Los poemas deben ser memorizados, recitados e interpretados. La alegría del arte debe ser enfatizada. El placer de interpretar es lo que primero atrae a los niños hacia la poesía, la emoción sensitiva de hablar y escuchar las palabras del poema. La interpretación ha sido además la técnica del maestro para mantener la vitalidad de la poesía por siglos. Quizá, también sea la clave para la poesía del futuro.

6. Finalmente, los poetas y los administradores de las artes deben usar la radio para expandir la audiencia de las artes. La poesía es un medio aurático, y eso calza idealmente para la radio. Una programación un tanto imaginativa en las cientos de estaciones de radio públicas y universitarias llevaría la poesía a millones de escuchas. […] Mezclar la poesía con música en estaciones clásicas o de jazz, o crear formatos innovadores de entrevistas podría reestablecer una relación directa entre la poesía y la audiencia en general. […]

Es hora de experimentar, hora de abandonar el ordenado pero viciado salón de clase, hora de restaurar la vitalidad popular de la poesía y desencadenar la energía que yace atrapada en la subcultura. No hay nada que perder. De todos modos, la sociedad ya nos ha dicho que la poesía está muerta. Entonces, construyamos una pira funeraria para las disecadas convenciones que se han apilado alrededor y observemos al antiguo e inmortal Fénix, con su radiante plumaje, renacer de las cenizas.

Traducción: Gustavo Solórzano Alfaro, 2009.

martes 3 de noviembre de 2009

Un poema de Samuel Trigueros


Fotografía de Fabricio Estrada


Dedico esta entrada a Samuel, en solidaridad con él y con Honduras


Antes de la explosión


He pensado en la excitación del gas,
he imaginado los lentos remolinos que se hinchan en secreto
antes de la explosión,
el instantáneo girar inútil de cabezas,
la onda expansiva y su manotazo de vidrio,
los cuerpos partidos, desmembrados
sin instrumento,
sólo por el cálido aire convertido en arma;
y he pensado
en la transparencia de la vida y de la muerte,
en la frágil condición de fiera que tiene la existencia
y en la dificultad de atraparla en la redoma transitoria de la piel,
llena de inestable sangre,
colmada de horas y de días confabulados en la terrible
manifestación de lo que fue y no vuelve.

Entonces
otra vez he vuelto a recordar a Fullton,
a Conrad y Zósimo Zara dormidos en la colina;
y he pensado que un cementerio burgués
es igual a un vertedero en la retina de los pobres
y que el jardín del pobre es lo mismo que un basurero
en la ceguera de los potentados.
He llevado a la colina una corona
hecha con el perfume con que la belleza
hiere, mortal, la iniquidad;
y he pregonado que muerta la injusticia
se acaba la necesidad.

El gas gira y se expande.
El gas tiene la misma seducción del abismo,
el mismo extraño magnetismo que luego,
convertido en noticia,
publica los restos de la vida,
la increíble comprobación de la eternidad
reducida a unos amoratados trozos,
esparcidos para la fría pupila del forense.

El gas tiene la elocuencia de un dios tranquilo
en cuyo seno descansa el estro de la sombra y del subsuelo.

Antes de la explosión
el gas canta una vieja canción de cuna
y cuenta los pesares
en la pesadilla del pobre y dice que aún
el que tiene sus dedos cuajados de oro,
alguna vez escarba en su nariz y encuentra
primicias del sepulcro entre las heces del llanto.

Así
he aprendido a diafanizar mi pecho
aceptando la suma de todos los errores,
soportando el destello brutal de las virtudes.
He compartido el pan soso del humillado
y he bebido
el vino amargo de la desesperación.

Alguien que supo mis carencias
Perdió su alma al confundirlas con miseria.

Entre la inmensa turba enemiga
mantengo a salvo mi cáliz compartido
y en secreto me nombro sobreviviente de mí mismo.
He domesticado la poderosa seducción
de llaves y conjuros
y me he quedado quieto adentro de mí mismo
cuando la desconfianza arrecia y arde mi corazón
como un auto desmantelado en medio de la noche.

Ahora, dentro de poco, han de arrebatarme
los mismos corceles
de gas mortal que se llevaron a Elías
y vivieron sus últimos momentos
entre flores silvestres
en un campo baldío de suburbio.

La distensión de su carne
y el resplandor de sus huesos
hicieron germinar el pasto de la humildad.

Y voy tranquilo, pues he visto al amor
hacer castillos en el aire negro del consuelo,
bajo el palio
de las constelaciones impasibles.

Tomado de Antes de la explosión: 53-55.


Samuel Trigueros (Honduras, 1967). Poeta, editor, actor, director de teatro, profesor de artes plásticas y guionista. Miembro fundador y primer director del Colectivo de Poetas Paíspoesible. Consultor en temas educativos y artísticos aplicados a los derechos humanos. Imparte talleres de literatura, teatro y plástica, especialmente para niños y jóvenes. Ha colaborado con guiones para teatro, radio y videos. Ha obtenido diversos premios y reconocimientos. Asimismo, ha sido antologado en distintos textos. Ha publicado los siguientes libros: El trapecista de adobe y neón, Amoroso signo, Todo es amor tras esta nostalgia, Borges, Animal de ritos y Antes de la explosión.

domingo 1 de noviembre de 2009

Los premios nacionales de literatura


Imagen tomada de Red Cultura

Va terminando el año, y junto con el tope, las corridas (de toros) y los tamales, uno de los temas literarios que se hace presente es el de los Premios Nacionales Aquileo J. Echeverría, en las ramas de poesía, cuento, novela, teatro, ensayo, historia y libro no ubicable. Se especula sobre posibles ganadores (algunos son más cantados que el Gordo), se hace lobby, afloran viejas rencillas; luego, se anuncian los galardones, se hace un alboroto, todos los escritores no premiados se quejan, se acaba el circo y vuelta a empezar.

En fin, ya sabemos de los múltiples problemas y deficiencias que dichos premios tienen, pero no es mi intención venir ahora a discutir el asunto ni mucho menos, solamente dar algunas orientaciones, porque más allá de que alguien desee ganarlos o no ganarlos,  debido al desprestigio en que han caído, todo esto pasa por un tema práctico: ¿quiénes pueden participar y cómo?

En principio, puede participar cualquier costarricense, o residente por cinco años en este país, con una obra completamente nueva publicada el año inmediatamente anterior al anuncio del premio. Es decir, para el 2009, que se anuncia en enero de 2010, concursan las obras publicadas entre el 1 de enero y el 25 de diciembre de 2009. Si la obra salió de la imprenta en el 2008, por ejemplo, pero no circuló, se puede enviar una carta donde se da fe de tal situación, se presenta el libro y listo.

Para participar, lo único que se debe hacer es entregar cinco ejemplares del libro en cuestión, junto con una boleta en la que se indica título, autor y género. Pero claro, este es uno de los principales problemas que enfrentan tanto los jurados como los autores. Veamos por qué:

Los jurados reciben toneladas de libros de parte de las editoriales estatales y universitarias, las cuales no discriminan ni parecen conocer la Ley de Premios, por lo que es posible que Carlos Gagini y Ricardo Fernández Guardia se peleen los premios cada año junto con Joaquín García Monge. Luego nos preguntamos: "¿Leerán todos los libros?" Imaginamos que no, pero ante tal panorama, quién los culparía.

Los autores muchas veces no tienen noción de cómo funcionan estos premios, y por eso es probable que terminen imaginando que si no son amigos (caso frecuente) de los jurados nunca podrían ganar. Aquellos que publican con el estado o las universidades, no tendrán problema porque dichos entes se aseguran de enviar, por su cuenta, todas las obras. El problema se presenta con las editoriales privadas, que muy difícilmente envían sus textos, con lo que sus autores quedan desprotegidos y a merced de la (mala) voluntad de sus editores, quienes sí se apresuraron a cobrar por imprimir sus trabajos.

Y después nos preguntamos por qué siempre ganan los mismos. El caso más lamentable se da con la poesía, pues muchos autores valiosos, con obras valiosas, ni siquiera han llegado a ser considerados por los jurados de años precedentes, por la sencilla negligencia de sus editores privados. Y lo peor es que los autores muchas veces ignoran esto.

El año pasado, por ejemplo, una editorial privada no envió un solo poemario de sus autores; sin embargo, sí envió dos libros de uno de los fundadores e integrantes de dicha editorial. Este autor no ganó, pero luego se dedicó a despotricar contra los premios.

Ya para terminar, recomiendo a todos los autores, especialmente de editoriales privadas, que se aseguren de que sus libros han sido enviados. En caso contrario, están a tiempo de hacerlo por su propia cuenta. Y siempre es aconsejable no esperar hasta el último minuto, por la cantidad de textos que ya vimos llegan a manos de los jurados.

Si desean aclarar más dudas o que les envíe la boleta que hay que llenar, me pueden escribir y con mucho gusto me comprometo a colaborar.

Artículo de Juan Murillo sobre los premios del año pasado

viernes 23 de octubre de 2009

Por el puente y más allá...


 Debemos destruir todo aquello que niega al ser humano sus derechos, especialmente el derecho al nacimiento de la conciencia.

            Hélder Câmara


    En la red de mi familia, mis amigos y mis amigas, he podido imaginar un mundo. En el centro de ese mundo está mi madre. Escribí este libro pensando mucho en ella. Sobre cualquier otra cosa, he tenido siempre presente la posibilidad de un país decente en el cual ella pueda vivir y morir en paz. Como abuela Mercedes.

    Alexánder Jiménez Matarrita
    El imposible país de los filósofos



Siempre vi en el abstencionismo electoral una forma de rebelión. No era indiferencia. Era un grito. Por otro lado, las sociedades sustentadas en ese sistema denominado democrático, con bipartidismo incluido, parecían caminar siempre igual, sin importar de quién fuese el turno. Eso ha generado en Costa Rica, también, un clima de pasividad.

Sin embargo, en mi caso, un hecho cambió por completo el panorama. La reaparición pública y notoria de Óscar Arias. Así, la primera vez que voté fue en las elecciones del 2006, en su contra; y luego en el 2007, a favor del NO al TLC. Ambas batallas perdidas, con la impotencia de ver que nada tiene marcha atrás.

Costa Rica se ha sustentado en dos mitos: primero, la idea de la patria pacífica, agrícola, blanca y buena, y en los últimos años, dicho discurso convive con el opuesto: patria violenta, insegura, monstruosa. Lo curioso es que este nuevo mito de la patria insegura no se le achaca, como debería serlo, a las políticas liberales y neoliberales de todo un siglo, a las políticas perpetradas por esa entelequia de “patriarcas blancos, cultores de la tierra”; no, se le achaca a los pobres, a los desclasados, a los infames, a los desposeídos, a los “feos”, a los cholos, a los inmigrantes.

Pero el mito pervive. Los neofachos, reaccionarios y conservadores se rasgan las vestiduras porque el país anda mal (y muchos de estos fachos tienen blogs muy populares al servicio de…). Y uno dice: qué bueno que se dan cuenta. Lo trágico sobreviene cuando uno se da cuenta de que para ellos anda mal porque hay robos y no matan a los delincuentes; porque hay indigentes y vendedores ambulantes que les estorban en su paso y en sus planes y el Gobierno no los quita. Estos fachos no están contra el clan Arias, la serpiente bífida, lo que le exigen es que cumpla con aquello por lo que tienen el poder, es decir, lograr una Costa Rica que sea un espejo de Lindora-Escazú-Santa Ana (y ahora Liberia-Guanacaste); nada más, y para eso, lo más fácil son las “soluciones finales”.



Costa Rica está mal hace mucho. Y no nos damos cuenta. Está mal porque no es un país apto para la producción ni para la creación, porque es un país chato, de horizontes limitados, donde seguimos aceptando todo y donde la mayoría se queja de la inseguridad (y pide medidas violentas), pero sigue creyendo que vivimos en el mejor de los países posibles. Esto va a explotar en cualquier momento, sea porque lo hagamos explotar, sea porque the powers that be lo hagan explotar. Los problemas de las instituciones estatales son provocados por los intereses que quieren hacerlas desaparecer. Eso es de una evidencia pasmosa. Esos intereses han copado todas las instancias hace mucho, han dejado sin herramientas a todas y todos los habitantes que menos tienen. Esos intereses son un asco y son una vergüenza, porque van en contra de todo lo que significa dignidad para el ser humano.

El poder no es uno, ni es homogéneo y claramente identificable, pero es claro también de dónde emanan ciertas fuerzas. Las consignas políticas y los procesos de concientización poco pueden hacer por lograr cambios serios; las medidas deben venir por otros lados. No sé cuáles, pero es necesario buscar las alternativas de un cambio.

El ser humano se debate siempre entre luchas de poder, pero eso no significa que no pueda buscar las mejores formas de vivir; eso no significa que siempre debe haber gente sufriendo por la indeferencia. Quienes esto piensan son atravesados simplemente por el peor cinismo o la peor estulticia.

Quiero creer en otro mundo posible, sin que la ironía vacua del cínico sea cómplice del descalabro. Quien es cínico solo por el placer de serlo, es en el fondo un nuevo conservador que desea que todo siga igual.

Quiero creer en otro mundo posible. Quiero construir otro mundo posible. Y habrá que ensuciarse las manos para lograrlo…